Microteca




Escritora: María José Abia

La eternidad atrapada en un instante 

No pude resistirme a aquellos ojos tristes de mirada serena traspasando los míos. Sentí su voz de terciopelo acariciar mi corazón y no supe qué decir, tan sólo aspiré el suave perfume que exhalaba su cuerpo inundando el aire de primavera. 

Llevo ese aroma tatuado en la piel, grabado en la memoria, incrustado en el alma. Aún conservo el sabor de aquellos labios sedientos que bebieron toda la lluvia de una noche de otoño en mi regazo.



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Escritora: Malena

Todavía

Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior. 
Cátulo - Carmina LXXXV



Se mordió la punta de los dedos mil veces para no marcar su número (¿sabía marcar otro número que no sea el suyo?). Se mordió la lengua para no llamarlo y decirle que nadie jamás la había hecho sufrir tanto, que rogaba todas las noches que esa mujer lo abandonara para verlo llorar como estaba llorando ella, que era un mentiroso, un mal bicho, una porquería, que le había hecho un favor al irse, que ella era demasiado mina para él, que siempre fue un pobre pelotudo.

Se mordió la punta de los dedos y la punta de la lengua, para no decirle que todavía lo amaba.



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Escritora: Sandra Montelpare
Blog: ficcionario breve


Instantes


El sol que prepotea por la celosía le da un cachetazo inesperado ni bien abre la puerta del cuarto. La luz le duele. Las bocinas, el ajetreo de la ciudad, los chicos que salen de la escuela, la campanita del pochoclero también duelen pero más aún, ese silencio denso que flota en sus pupilas porque los pies de Pablo cuelgan tiesos hacia el suelo. 


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Escritora: Rocío Romero Peinado
Blog: Contando las horas


Para qué las piedras



No me gustan los cruceros.  Antes nada era igual.  Recuerdo que papá me llevaba a hombros al parque.  Montaba en el columpio que subía más alto y él me empujaba con fuerza.  El aire se me echaba encima y reíamos a carcajadas.  Mamá nunca podía venir con nosotros porque él quería verla en casa a su vuelta.  Ella no se reía, y ya no están juntos.  Mi padre ahora sólo me tiene a mí, a veces, cuando tengo vacaciones.
El balanceo me revuelve el estómago.  Me duermo, me despierto, me duermo un poco más.  Papá mira muy serio a través del ojo de buey hacia la noche redonda.  Ha llenado mi mochila con algo que pesa bastante.  Parecen piedras.  Me la coloca a la espalda, y me ata el cierre de la cintura, con cuidado, sin pellizcarme ni nada.
Llego en sus brazos a la cubierta inferior.  Me sienta en la barandilla con las piernas colgando por fuera, como en el columpio aquel.  Me descalza, para que no se me caigan los zapatos nuevos sobre el mar negro.  Tengo vértigo, le digo.  Me besa la cabeza y me empuja.  El mar se me echa encima.  El agua está helada.  Miro hacia arriba.  Para qué las piedras.  No sé nadar.




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Escritora: Marina de la Fuente (Acuática)
Blog: No me vengas con historias que yo también soy una cuentista


Y comieron perdices


Atraviesa los parajes más inhóspitos, encuentra la guarida del mago ermitaño, resuelve sus enigmas, consigue la espada con la que mata al dragón y decapita a la bruja, trepa por la torre sorteando la hiedra venenosa e irrumpe triunfal en los aposentos de su amado príncipe cautivo. 


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Escritor: Adivin Serafín
Blog: Diario de incontinencia


Abandonado


Cierra la ventana, cansado de mirar por ella, y se esconde tras los visillos mientras deja caer lágrimas de sonora distancia. El correo le hizo saber su categoría de abandonado. Ella dejó su lecho para agazaparse entre los mimos de un amante, más firmes que los suyos, siempre dolientes y apenados. Nunca fue capaz a tomar una decisión; repetía una y otra vez sus dudas, sus desvelos. Era un infeliz: perro herido necesitado de grandes lametones. La carta llegó a su piso armando un estruendo silencioso, lo dejaba, se marchaba de su vida sin apenas dejarse ver. Sus ojos no querían posarse por la herida carta, el raspón dentro de su alma lo dejó apesadumbrado. El sobre traía el remite al que le tenía que mandar sus cosas: su ropa, su tocador, su colección de postales, sus bombones inacabables, sus joyas valiosas, su maleta italiana, su suave visón, sus chinchillas calentando el sofá, su cuchillo…


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Escritor: Adivín Serafín

Destino

Recorrí veinte mil vericuetos para dar con tu camino de silencios, sin embargo solo he encontrado tu amplificador de soledad en cada esquina. Es ya tarde y no puedo retornar; me quedaré tirado en mi lejanía de viento.


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Escritora: Sandra Montelpare
Restos

En la mesa quedaban colillas de cigarrillo aplastadas, pañuelos descartables arrugados, unos papeles y las llaves del departamento. Antes de irse, le aclaró que el corazón hecho migajas se lo llevaba igual.



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Escritor: Alberto Flecha

La teoría de Pavesi

Ha comido miles de peras. En el laboratorio, una pera de aperitivo cada día. Es una rutina. Ahora la toma por la parte más ancha y apunta con el rabo a través de la ventana. Cierra el ojo izquierdo. Con el otro hace como si mirase el cielo a través de la pieza de fruta.

En el culo de cada pera siempre hay una estrella. Unas son más grandes y otras tienen sus rayos retorcidos como una cadena de asteroides. Andrea Pavesi desarrolla una teoría sobre la morfología del universo. Una pared de nódulos esféricos de no masa cubren el cielo formando una enorme red. Constelaciones que encajan unas con otras alargándose por detrás hacia un pequeño tallo del que toman su energía. Así se alimentan unas a otras. Y en el culo de cada una hay una estrella. Unas más grandes, otras con los rayos tristes y retorcidos como una cadena de asteroides.

Pavesi saca una pequeña navaja. Trocea la pera y lentamente la mastica y se la va comiendo. Sigue mirando por la ventana. Y piensa en la segunda parte de la teoría: el papel que juega el ser humano ante estos nódulos que forman la aparente dimensión inabarcable del universo




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Escritor: Gabriel Bevilaqua

En la niebla

ÉRAMOS TRECE HOMBRES, trece soledades puestas de dos en dos en el bote, salvo el teniente que, aferrado al timón, se diluía más y más en la niebla hasta ser sólo una voz que cada tanto nos recordaba su presencia. Quién sabe en qué instante, un olor nauseabundo nos obligó a dejar de remar para calarnos unos pañuelos. Un camarada sugirió entonces que esperásemos a que bajara la niebla, que desobedeciéramos al teniente, que teníamos una oportunidad. Un ¡Remen!, enfático como un látigo, nos volvió al silencio y la obediencia.

Yo conocía bien al teniente, éramos los dos únicos veteranos en el bote, y sabía que jamás admitiría que nos habíamos extraviado y que la misión ya no tenía sentido.
En realidad, ni la niebla ni el que estuviéramos ―hace horas, quizás días― dando vueltas en círculos me preocupaba; pero aquel olor cavando hasta nuestras almas, era distinto… Tanto que pensaba seriamente en arrojarme a las aguas cuando dimos contra algo. Entonces la niebla, como si nunca hubiera existido, se disipó y nos enfrentamos a otro bote, idéntico al nuestro, con los cuerpos de trece hombres en avanzado estado de descomposición.
Sin inmutarse, el teniente apartó el bote intruso y ordenó que continuáramos remando; a la vez que la niebla, junto al olvido del hallazgo, volvía a caer sobre nosotros.

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Escritora: Diana Belaustegui (seudónimo: Escarcha)
Blog:        Sombras

Nada

Hay una idea que está por salir, se está gestando.
Los latidos se escuchan a través de un micrófono adherido a su parietal derecho, a veces se mueve y se desliza por las áreas frontales y premotoras, entra a la corteza primaria y bordea la corteza visual, pasa de reojo dejándose desear, no logra verse, cierra las piernas y ni siquiera se sabe su sexo.
No importa, la idea está.
Toma la lapicera y espera a que brote.
¡Nada!
Riega el cabello con agua pura extraída de los hielos de la montaña Caña Hueca ubicada en la cordillera Cielo Despejado.
Mala decisión.
La idea corcovea y se esconde debajo del hipotálamo.
Se niega a recibir corticoides y no desarrolla los pulmones. Está negándose a salir y respirar. Habrá que practicar una cesárea programada y apurar el parto.
Toma un bisturí, abre la zona frontal del cráneo y con la ayuda de un espejo y unos palillos chinos, indaga entre los sesos. Huele a muerte. La idea está en posición fetal. No hubo la suficiente irrigación sanguínea y ha perecido como tantas otras.
Hace la sutura un tanto preocupada, ¿hasta cuando durará ese período de vacío? Se dedica a leer, las letras tal vez engendren nuevas letras. Espera que tal vez en algún momento pueda dar a luz una historia viva.
Y hasta que eso suceda, seguirá regándose la cabeza con agua natural pero está vez de hi
Hay una idea que está por salir, se está gestando.
Los latidos se escuchan a través de un micrófono adherido a su parietal derecho, a veces se mueve y se desliza por las áreas frontales y premotoras, entra a la corteza primaria y bordea la corteza visual, pasa de reojo dejándose desear, no logra verse, cierra las piernas y ni siquiera se sabe su sexo.
No importa, la idea está.
Toma la lapicera y espera a que brote.
¡Nada!
Riega el cabello con agua pura extraída de los hielos de la montaña Caña Hueca ubicada en la cordillera Cielo Despejado.
Mala decisión.
La idea corcovea y se esconde debajo del hipotálamo.
Se niega a recibir corticoides y no desarrolla los pulmones. Está negándose a salir y respirar. Habrá que practicar una cesárea programada y apurar el parto.
Toma un bisturí, abre la zona frontal del cráneo y con la ayuda de un espejo y unos palillos chinos, indaga entre los sesos. Huele a muerte. La idea está en posición fetal. No hubo la suficiente irrigación sanguínea y ha perecido como tantas otras.
Hace la sutura un tanto preocupada, ¿hasta cuando durará ese período de vacío? Se dedica a leer, las letras tal vez engendren nuevas letras. Espera que tal vez en algún momento pueda dar a luz una historia viva.
Y hasta que eso suceda, seguirá regándose la cabeza con agua natural pero está vez de hielos azules extraídos de las profundidades de Marte.



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Escritora: Sara Lew
Blog:         Microrrelatos Ilustrados

Rebelión

-No, señora, no puedo dejarla pasar. Esto es un asunto de seguridad nacional. No, aquí no se encuentra su hijo. Tampoco su nuera ni su nieto. Váyase, señora. ¿No ha visto las vallas ni los carteles? ¿No ha oído las noticias? Toda la ciudad ha desaparecido. Ha sido talada. Solo quedan los árboles, y se multiplican

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Esritora:  Pilar López  Mora
Blog:          Recuerdos de Cartaphilus

Inspiración


Dicen que es más fácil, que estás más inspirado. El insomnio, el aturdimiento del desamor, una fabulosa borrachera. Estar derrotado, celoso, solo, haber sido humillado. Ser cornudo, el tipo al que han dejado. Haber perdido todo en un sucio bingo de barrio y no tener ni para comprar una soga en la ferretería. Entonces, dicen, te dará un arrebato, escribirás el mejor poema, el más desgarrador relato. Serás un chiste, una mierda, un don nadie y escribirás como tocado por la mano Dios. Después, cabizbajo, mirarás al suelo y encontrarás una moneda y lo entenderás. Entenderás el mensaje, la moraleja, la grandísima indirecta que te envía el Universo. Tomarás la moneda, que además está de cara, arrugarás el poema y lo insertarás en un bolsillo de la raída rebeca, arrastrarás los pies calle abajo, te alejarás apretando la moneda y entrarás en la ferretería

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Escritora: Luisa Hurtado González
Blog:          Microrrelatos al por mayor




Animales



Cuando lo vi tan asustado, casi tanto como yo, recordé todas las veces que algún animal había entrado en casa.

Me acordé del pájaro al que tuvimos que ayudar a encontrar la ventana, de la cucaracha que había sacado a mi madre de sus casillas, del gatito al que dimos leche y que luego se fue,…

Sí, me acordé de todos pero esta vez… ¡el animal era tan grande!

Llamé a mamá a gritos mientras lo vigilaba para que no se escapase. Cuando vino, vi como ella también se asustaba un poco, como parecía no estar segura de lo que tenía que hacer, hasta que la oí decir alto y claro:

-Fuera. Vete de esta casa.

Sólo eso. Y el animal empezó a moverse hacia la puerta.

¡Qué extraño! Justo antes de salir, él volvió la cabeza y dijo el nombre de mamá, muy bajito, pero yo lo oí perfectamente



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Escritora: Ana Vidal
Blog:       Relatos de andar por casa


Mujer Africana

La mujer africana lleva siempre un pañuelo de colores, para no olvidar los de su tierra, los amarillos del sol y de la tierra, los naranjas del atardecer, los azules del cielo, los verdes del río y de los árboles meciéndose al viento, el rojo de la sangre que se derrama cada día.
La mujer africana siente su corazón latir y le cuesta sentir algo más, porque su tierra y sus colores están lejos y solo los encuentra cuando desnuda, en soledad, canta a África, a sus ancestros y a su muerte.




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Escritora: Malena
Blog:        Yuyo del suburbio




Esposa de Lot


Nadie recuerda mi nombre. Sólo soy tu mujer, tu esposa, la desobediente. A nadie le importa que abandoné mi casa, mi ciudad y a mi padres para seguirte a vos. Porque te seguí, mi amor. Corrí a tu lado. Pero volví mi cabeza. ¿No escuchabas los gritos, las llamas crepitando, lamiendo nuestra casa y los cuerpos de mis hermanos? ¿No te importaba, acaso? No. Nada te importaba. Ni siquiera yo. Corrías, ciego por el miedo. Miedo, no obediencia. Pánico. Por eso te quedaste con nuestras hijas en esas cuevas, borracho, haciéndoles hijos, haciéndote nietos. Nuestras hijas. Las que no dudaste en ofrecer a los sodomitas. Yo sigo acá, salada estatua eterna, sin entender aún las virtudes del miedo.


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Escritor: Malena
Blog:     Yuyo del suburbio
             http://yuyodelsuburbio.blogspot.com/


Se busca


No sé dónde me perdí.


La última vez que me ví tenía 24 años, me reía a carcajadas y sabía exactamente dónde quería ir. Después esas cosas de la vida hicieron que me fuera alejando.
Empecé a buscarme en el espejo, que era un lugar que solía frecuentar. Me atendió una señora seria, que se pinta las canas y me confirmó que por ahí hacía rato que no pasaba.
Guillermo tenía que tener algún dato que me ayudara. Si lo ubicaba a él, lo demás estaba resuelto. No podía estar separada de ese hombre. Recurrí a Facebook. Tiró un solo dato con ese nombre, pero la foto no era de él. Se trataba de un gordito pelado, que seguro algún parentezco tenía. Estaba con una rubia que no era yo.
Llamé a Mariana y reconocí su voz pero me dijo que ella tampoco podía encontrarse. Quedó en avisarme si tenía alguna novedad.
Pregunté por Mónica y Sebastián pero me mintieron (porque yo sé que es mentira que no están).
Estoy empezando a preocuparme.
Si alguien me ve, por favor, diganme que me estoy buscando


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Escritor: Agustín  Martínez Valderrama
Blog:     PREVISIONES METEREOLÓGICAS DE UN CANGREJO
             http://acusmartvald.blogspot.com/





Naúfragos con pies de piedra
A Edward John Smith, Capitán del Titanic.



¿El mar o la mar?. Los marineros y los poetas suelen decir la mar. Yo no soy marinero, ni poeta, pero siempre digo la mar. Dicen que en Southampton también hay mar. Y marineros. Y poetas. Pero allí se dice the sea. Sólo the sea. The sea a secas. Será la costumbre. Lo que no varía es la cadencia. La cadencia con la que la mar se traga a los náufragos con pies de piedra. Aquí y en Southampton. Aunque allí se empeñen en decir todo el rato the sea. Sólo the sea. The sea a secas. Pero eso ya se dijo antes. Mucho antes. Casi al principio. También que en Southampton hay mar. Y marineros. Y poetas. Lo que no se dijo es que apenas hay árboles. Será para que no se cuelguen los poetas.
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Escritor: Kum* (seudónimo)
Blog:     Haikum*
             http://haikumk.blogspot.com/


La casa no tenía espejos


El primer aniversario de su llegada le habían regalado un espejo. “Que a nosotros no nos sirvan no quiere decir que tú no puedas usarlos” –le dijeron divertidos. Él, sin decir nada, lo extravió esa misma noche en el desván. No llegó nunca a contarles su secreto.
Desconfiado por naturaleza, aprendió a quererlos de a poco. Detestaba que lo atropellaran a cada rato en los pasillos y la manía que tenían de manosearle la cara cuando querían “verle con las manos”, pero nunca antes le había aceptado nadie como a un igual ni le había brindado nadie tanta ternura. Allí se encontraba seguro y algo así como feliz. En aquella casa sin espejos. En aquella confortable rutina.
Pero no se engañaba, siempre permanecía alerta.
Sólo una vez bajó la guardia y se quedó dormido en el río. Fue entonces cuando por las noches, en la aldea, al amor de las hogueras, empezaron a contarse historias sobre un hombre invisible que rondaba en el bosque las noches sin luna.




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Escritora: Su (seudónimo)
                Su álvarez
Blog:        No me eches al olvido
               http://nomeechesalolvido.blogspot.com/


Rastros


Ya era demasiado mayor y no salía nada de casa, por lo que decidió aplicar aquél procedimiento que de joven ya había usado; paso, piedra, paso, piedra... siempre dejando rastro por la habitación, por el baño, la cocina... A él no le pasaría lo que a los demás, que se fueron y no supieron volver. Llegado el momento, haría lo que de niño hizo con su hermana en el bosque... regresaría.


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Escritor: Sibreve (seudónimo)
              Hugo Cueto
Blog:      Nanorrelatos
              http://sibreve.blogspot.com/


Micropentateuco II


1:0 Dios es fumador
1:1 Y no teniendo Dios dónde posar el cigarro creo La Tierra.
1:2 Y siendo La Tierra redonda apareció el equilibrio inestable.
1:3 Y viendo Dios que no era bueno, decidió achatar los polos.




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Escritor: Bicefalepena (seudónimo)
Blog:      Bicefalepena
               http://bicefalepena.blogspot.com/




El retorno


Tras la cuenta atrás, el frigorífico se elevó y salió despedido hacia la luna. Atravesó el techo, y la lámpara de araña con cristalitos brillantes de la profesora de piano. En su vuelo sorteó el dormitorio de los Benítez, como estaba previsto. Al salir por la chimenea, se desprendió de los imanes de la puerta. Llegado el punto de no retorno, Javi se comió el bocadillo de mortadela que le había preparado su madre. Ya en el satélite amigo abrió la puerta, no sin antes coger mucho aire. Así, con el disfraz de teletubby y manteniendo la respiración se dio un paseo, pateó unas cuantas piedras y regresó. Mientras se comía el de salami pensó que esto de ser astronauta no era para tanto, y se volvió a casa. Su madre se había ido a hacer un recado, y él se tumbó a ver la tele que es lo que hace cuando quiere tumbarse a ver la tele y su madre ha salido a hacer un recado.










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Escritor: Pablo Garcinuño
Blog:      En mal estado
               http://enmalestado.wordpress.com/




La venganza de los hombres de humo


Al salir de casa, como cada mañana, el señor X se encendió un cigarro camino del trabajo. Pero ese día tuvo que variar el recorrido para evitar pasar cerca de hospitales, parques infantiles y demás zonas libres de humo. Sin saber cómo, acabó en una isla con un montón de fumadores más.




Eran tan felices dándole al vicio, que provocaron el mayor cúmulo de humo de la historia de la humanidad. Ahora, barcos y aviones pierden sus sistemas de orientación cuando pasan cerca de esta minúscula porción de tierra, así que acaban chocando contra los peñones de la costa. Los nativos tabaqueros –así se hacen llamar el señor X y sus amigos- se limitan a rebuscar entre los restos del accidente algún cigarrillo. Valen incluso las colillas. Luego, sin atender a los heridos, vuelven corriendo a los árboles



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Escritor: Alberto Flecha
Blog:      la caja de alberto flecha
               http://bloglacaja.blogspot.com/


El jinete


Anochecía. Nosotros, desde el porche, mirábamos en silencio las sombras obtusas que allá lejos se movían junto al río. La costumbre, la maldita costumbre, nos decía que aquella sería una noche como cualquier otra en el campamento. Sin embargo, algo que salió de entre las tiendas llamó de pronto nuestra atención. Era una pequeña nube de polvo que crecía rápidamente al avanzar por el camino. Los campesinos que regresaban al pueblo saltaban al paso de aquel jinete enloquecido que cabalgaba directo hacia nosotros. Puse la mano sobre el hombro del pequeño Antoine. Éste se llevó los brazos frente a la cara, haciendo un gesto, como si le disparase una saeta. Y entonces, con un ligero estertor, padre tosió dentro.





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Escritor: Leo Gut
Blog:      Urbe Oscura
              http://urbeoscura.blogspot.com/


Barca plateada


Volvió al mundo, como caen las hojas plateadas de Lothlórien llevadas por la brisa hasta el desierto. Pero la nave que portaba la luz de las Tierras Imperecederas fue atravesada por los fuegos del Señor Oscuro y quedó deshecha, a merced de la débil ciencia del Hombre y sus corruptas imitaciones.
No habrá otro barco más desde estas costas, no enviaremos otro como el que cayó en Dreamland, Nevada.



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Escritora: Elisa de Armas
Blog:       PATIVANESCA
               http://pativanesca.blogspot.com/




Espíritu navideño


Evita las calles comerciales en cuanto empiezan a alumbrarse con luces de colores, apaga la radio que tanta compañía le hace y arranca de un tirón las hojas del calendario. Es inútil, el árbol le crece por dentro. No lo engalanan ni cintas ni bolas, sino esos huecos viscosos que deja la ausencia.



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Escritora: Chula
Blog:      ¿Quién se come mis galletas?
                http://yo-la-chula.blogspot.com/


Temor


Me he dicho que andabas por aquí pero no te acierto. Busco, rebusco. Nada. Miro por fuera, me miro dentro. Nada. A oscuras, a tientas, a gatas, a cuestas. No hay manera. Vuelven las ganas de mascar. Son nervios. Entonces me acuerdo. Levanto el pie y te encuentro: pegado, agarrado, cierto.






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Escritora: Ángeles Sánchez
Blog:       Mundo en un grano de arena
                http://mundoenungranodearena.blogspot.com/


Siete


Éramos siete alrededor de una mesa coja de madera con termita. Además de siete a repartir el pan, éramos pobres. Así que éramos siete pobres, alrededor de una mesa enferma. Además de pobres éramos grotescos, por lo que éramos siete pobres grotescos alrededor de una mesa infecta. Además de grotescos éramos enanos, así que éramos siete pobres enanos grotescos alrededor de una mesa emponzoñada. Además de enanos éramos leñadores. Y todas las mañanas nos alegrábamos de ser parte de un cuento.Y ya nos sentíamos menos feos, y menos pobres, porque éramos siete enanos. Nada más y nada menos.




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Escritora: Ana Vidal
Blog:        Relatos de andar por casa
                http://relatosdeandarporcasa.blogspot.com/


Marina vuela



Marina cierra los ojos, el color azul la impregna totalmente y cuando ella también se siente azul, su globo comienza a elevarse.
Poco a poco va abriendo los ojos y empieza a ver pájaros, dando vida y sonido al paisaje. Los mira y se concentra en ellos, contempla su vuelo travieso con un destino prefijado y les imagina historias de amores y hogares por el mundo.

Cuando mira abajo ve los campos que se extienden bajo el aire, ordenados y cuadriculados como baldosas de vida.
Siente como una nube absorbe su globo hasta no ver nada más que la nube, sintiendo su frío y humedad, y por capricho vuelve a soltarlo, inundándose de nuevo de ese color azul con el que se siente tan segura.
El mismo azul de las baldosas del baño, donde Marina se esconde cuando papá entra en casa dando un portazo.




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Escritor: José Manuel Ortiz Soto
Blog:      cuervos para tus ojos
               http://cuervosparatusojos.blogspot.com/


Nocturnal


Apartó de su rostro jirones de pelo humedecido y buscó la luna, la encontró desvanecida tras un cúmulo de nubes casi blancas. Un estertor de olas resquebrajadas alcanzó a su cuerpo, salpicándolo de espuma. Ante la imposibilidad de morir dos veces, Alfonsina cerró los ojos y aguardó a que terminara de subir la marea.